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El público a un metro

Franz Gómez sentado sobre los talones en un suelo de piedra, con túnica de rayas verdes y la mirada hacia arriba, rodeado de público sentado a un metro.

Hay salas en las que la primera fila está a un metro. Se oye respirar. Se ve quién se mueve en la silla y quién no.

Lo que cambia

  • La voz, que ya no necesita llenar un patio de butacas.
  • Los ojos, que no pueden refugiarse en un punto fijo del fondo.
  • El silencio, que deja de ser un recurso y pasa a ser un riesgo.

Lo que no cambia

El trabajo. Una obra es la misma en un teatro de quinientas localidades y en un claustro con cuarenta sillas. Lo que se ajusta es el tamaño, no la intención.

Este texto es de muestra, escrito por ImpulsA para la demo. El de verdad lo escribirá Franz.